lunes, 20 de agosto de 2012

Reseña MADAME PROUST Y LA COCINA KOSHER

Título: Madame Proust y la cocina kosher
Autor: Kate Taylor
Editorial: Editorial Siruela
Año: 2012
ISBN: 9788498416510
Nº de páginas: 420

SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ

RESEÑA:
Hoy os traigo la reseña de un libro que, os adelanto, me ha gustado mucho y es que Madame Proust y la cocina kosher es una de esas novelas que creo que cualquier persona aficionada a la lectura debería leer por las interesantes reflexiones que contiene y porque nos acerca a la vida del genial escritor Marcel Proust. A pesar de que no había leído ninguna opinión sobre ella su preciosa portada me llamó mucho la atención cuando la ví entre las novedades de Siruela y gracias a que la editorial amablemente me envió un ejemplar, he podido disfrutar de una novela que me ha sorprendido muy gratamente.

Madame Proust y la cocina kosher es una novela en cuyo interior se entrelazan tres historias muy diferentes entre sí pero con un nexo común. En dos de ellas este vínculo se adivina fácilmente desde las primeras páginas pero la tercera parece totalmente ajena y mientras lees no puedes evitar preguntarte qué tiene que ver esa historia con el resto de la novela, interrogante que finalmente encuentra respuesta cuando ya hemos avanzado bastante en la lectura.

Estas tres historias nos llegan a través de tres voces narrativas, pertenecientes a las mujeres que protagonizan cada una de ellas. Así tenemos por un lado a la propia Madame Proust que da lugar al título, a quien conoceremos por su nombre, Jeanne y que no es otra que la madre de Marcel Proust, por otro lado está Marie Prévost, una joven traductora que se halla trabajando en los diarios de Jeanne y por último a Sarah Bensimon, una niña judía que tuvo que ser enviada por sus padres a un hogar seguro en Toronto durante la ocupación nazi en París.

Como os decía, Marie es una traductora e intérprete de conferencias en Canadá que por diversos motivos personales derivados de un amor no correspondido, decide viajar a París para profundizar en la figura del escritor Marcel Proust, autor de uno de los libros con los que ella se siente más identificada, En busca del tiempo perdido. En la Biblioteca Nacional de Francia descubrirá las libretas de Jeanne Proust en cuya traducción comenzará a trabajar. Es así como vamos descubriendo la vida de esta mujer, que va reflejando en estos diarios no solo sus propias actividades sino también las de su familia, entre quienes destaca su hijo Marcel Proust.

Y por último tenemos la historia de Sarah Bensimon, una niña judía que encuentra refugio en Canadá y que a lo largo de los años será incapaz de superar esta terrible experiencia, convirtiéndose en una mujer que se aleja de todos cuantos la rodean, incluidos su marido y su hijo, encontrando cierto refugio en su cocina y en los platos de la cocina kosher.

Madame Proust y la cocina kosher es una novela que tiene una estructura que puede parece complicada a simple vista, pero la autora consigue enlazarlo todo con tal maestría que es imposible perderse en los múltiples cambios de escenario. Está dividida en capítulos en los que se van alternando estas tres historias sin un orden concreto pero de tal manera que se siguen perfectamente y podemos diferenciar sin problema cual de las tres mujeres es la protagonista en cada momento. El principal rasgo para diferenciarlas es su estilo, cada una responde a unas directrices muy definidas por lo que se aprecia claramente cuando cambiamos de escenario y como un pequeño añadido, la historia recogida en las libretas de madame Proust se ha maquetado con otro tipo de letra más pequeña, aunque aquí es necesario señalar que la maquetación no es perfecta y existen algunos párrafos en los que al responsable de este proceso se le olvido cambiar la tipología de la letra, un pequeño fallo en una edición que de otra manera se notaría que está muy cuidada.

Es un libro que requiere una lectura pausada que nos permita disfrutar del cuidado estilo de la autora que se traduce en una prosa rica en matices y con múltiples cambios de registro según el periodo en el que nos encontremos. Así cuando Marie asume la voz narrativa utiliza la primera persona para trasladar al lector principalmente sus sentimientos y reacciones, adquiriendo así la narración un tono más intimista y reflexivo que solo una vez avanzada la lectura deja entrever la historia pasada de Marie y su desengaño amoroso. Lo mismo sucede cuando es Jeanne la protagonista, en forma de diario nos va contando su día a día a través de las entradas fechadas en sus libretas, siempre en primera persona. Este diario se convierte en un retrato sobre la sociedad de la época y el estilo utilizado nos recuerda a las novelas de ese periodo. Por el contrario la historia de Sarah nos llega a través de una narración en tercera persona que sigue más o menos un curso lineal y que utiliza un lenguaje sencillo comparado con las partes de las otras dos protagonistas pero también muy cuidado. En general el rasgo que domina la narración de Kate Taylor es la belleza, es un libro que al menos a mí, me ha parecido muy bien escrito y agradable de leer a pesar de que como os indicaba anteriormente, tiene un ritmo lento.

Las tres mujeres comparten protagonismo en igual proporción y en general están muy bien definidas, con rasgos fácilmente identificables que nos permiten simpatizar en mayor o menor medida con cada una. A Marie Prèvost la conocemos en un momento de su vida marcado por la tristeza, el desánimo y el dolor que acompañan a un desengaño de cualquier tipo, las ilusiones y esperanzas rotas siempre nos sumergen en un estado de apatía del que es difícil salir y que nos empuja a buscar un refugio. Marie lo encuentra en la prosa de Marcel Proust, un autor que consigue reflejar en palabras muchos de los estados por los que ella ha pasado a lo largo de su vida. Es un personaje al que acompañamos en su melancolía, en los recuerdos de su pasado y en la evolución hacia una nueva vida una vez superado el desengaño sufrido, el cual descubriremos al final del recorrido de manera sorprendente pues la historia da un giro completamente inesperado. Su trabajo como traductora hace que a través de sus pensamientos queden plasmadas en la narración interesantes reflexiones sobre este trabajo que la mayoría de las veces, tan poco valoramos los lectores como por ejemplo la elección de las palabras que mejor encajan con lo que el autor ha querido transmitir o con el vocabulario empleado en un periodo concreto, no limitándose a utilizar el término traducido sin más.

Jeanne Proust es el personaje que más me ha gustado y sus diarios son las partes del libro con las que más he disfrutado. Es una mujer con mucha vitalidad, activa, positiva y sobre todo muy preocupada por su familia, en especial por su hijo Marcel. Esto se refleja en sus diarios, en los que vemos su carácter sobreprotector, nos habla del estado enfermizo de su hijo y de la angustia que ella siente cada vez que tiene uno de sus ataques, además de apoyarle incondicionalmente en su afán por convertirse en escritor. Pero la vida de su hijo no es la única que queda reflejada en estas líneas sino que también expone temas muy presentes en esa época como la separación entre la iglesia y el estado, el cambio de siglo y los debates generados en torno al mismo o todo lo relativo al Caso Dreyfus. Es así como los diarios se convierten en un retrato de la sociedad de esa época desfilando personajes tan conocidos como Oscar Wilde, el conde de Montesquieu o Pasteur entre otros muchos.

Sarah es el personaje con el que menos he llegado a simpatizar y las partes que recogen su historia las que menos me han gustado. Es una mujer marcada por su pasado, no ha logrado superar la separación de su familia ni comprender los hechos tan terribles que les tocó vivir. Esto se traduce en una melancolía que le ha acompañado durante toda su vida y le ha impedido dar cariño o disfrutar del que recibe de todas las personas que la rodean y se han convertido en su nueva familia, especialmente sus padres adoptivos, a los que no puede aceptar. Esto en parte ha provocado que no sienta simpatía por ella, me ha dado mucha pena la mujer que acoge a la niña en su hogar e intenta darle todo el amor que puede, como si de una hija se tratase, pero sin lograr acceder a ella, que siempre se muestra distante y poco receptiva, como si esta mujer fuese la culpable de lo que le ha tocado vivir. Y tampoco es capaz de amar plenamente a su marido, quien a pesar de todo la apoya y se muestra comprensible ante los ataques que ella sufre de sobreprotección y pánico ante lo que le pueda ocurrir.
El aspecto que más me ha gustado conocer a través de su personaje es todo lo relativo a la cocina kosher, quizás Sarah lo lleva a unos límites extremos pero me ha servido para descubrir las pautas que se siguen en este tipo de cocina, la importancia que tienen determinados alimentos o la prohibición de mezclar otros.

Como protagonista de la mayoría de las entradas del diario de su madre, Marcel Proust también adquiere una gran relevancia en esta novela y se convierte en uno de los personajes más atractivos, al menos para mí. He de reconocer que tenía pocas referencias de este escritor, pero a través de esta lectura he profundizado en su personalidad, en su forma de vida siempre limitado por los constantes ataques de asma que le mantenían postrado en cama y en los duros comienzos que tuvo como escritor. Moviéndose siempre entre la alta burguesía, frecuentado los salones y círculos aristocráticos de la época, donde está en contacto con el ambiente más selecto de la vida parisina. 
A pesar de que a través de la lectura podemos intuir la homosexualidad de Proust, es algo que su madre nunca reconoce expresamente en sus diarios, en los que sí habla de las amistades de su hijo y de como sufre ante los desplantes de algunos de sus amigos. Resulta llamativo como aunque su madre le ayuda y le apoya en esta faceta dedicada a la literatura, su padre en ningún momento cree que vaya a conseguir nada, sino que será todo una pérdida de tiempo y ambos mueren sin ser conscientes del éxito que tendrá pasados los años su hijo. En relación con este punto son muy interesantes las reflexiones de madame Proust al respecto como cuando le aconseja que no solicite reseñas de su libro porque los escritores de prestigio no hacen esas cosas.
Al final del libro la autora incluye un epílogo final en el que expone que la historia que queda reflejada en los diarios de madame Proust es ficticia, se ha basado en los hechos reales y conocidos de la vida de Proust para dar forma a lo que habría sido el día a día de esta mujer y únicamente un par de referencias sucedieron realmente.

Como veis es un libro muy completo e interesante, quizás no sea una lectura recomendable para todo tipo de público ya que su carácter pausado, el tono intimista y reflexivo de algunas partes y el periodo en el que se sitúa pueden resultar poco atractivos para aquellos lectores que busquen un tipo de literatura más ligera y fácil de leer. Pero si creéis que encaja en vuestros gustos os lo recomiendo sin ninguna duda, lo mismo que a todos aquellos que se quieran adentrar un poco en la vida del escritor Marcel Proust.


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