jueves, 15 de noviembre de 2012

LOS ASCENSORES DORMIDOS DE LA HABANA - Carlos Díaz Domínguez

Título: Los ascensores dormidos de La Habana
Autor: Carlos Díaz Domínguez
Editorial: Arráez Editores
Año: 2008
ISBN: 9788496651470
Nº de páginas: 413

SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ

Hace unas semanas Carlos Díaz Domínguez se puso en contacto conmigo para darme a conocer sus novelas y ofrecerme la posibilidad de leerlas. Era un escritor al que no conocía a pesar de tener ya varias obras publicadas, recientemente ha publicado Lágrimas sobre Gibraltar que también tengo pendiente pero navegando por su página web hubo una que me llamó especialmente la atención ya que La Habana es una ciudad que tengo muchas ganas de visitar, por lo que qué mejor manera de descubrir un poco más de ella que a través de una lectura.

El protagonista de Los ascensores dormidos de La Habana es Alberto Rodríguez-Conde, un escritor que tras entrar a formar parte de un gran grupo editorial, se ha convertido en un éxito de ventas, suponiendo esto que haya tenido que renunciar a su ideología y forma de escribir para adaptarse a las pautas que la editorial le marca. Tras la buena acogida de su última obra y mientras se encuentra a la espera de la publicación de la próxima, una cita para reunirse con el presidente de la editorial le deja sumido en interrogantes sobre el motivo de la misma.
En dicha reunión Albert Maciá, presidente del grupo editorial, le expone a Alberto que tras el éxito de su novela ambientada en Praga, que ha llevado a muchos lectores a viajar a dicha ciudad para conocer los escenarios en ella descritos, les gustaría que escribiese una nueva obra ambientada en Cuba, pues las estadísticas demuestran que es un destino muy valorado por los españoles y por lo tanto un libro ambientado en ese país obtendría un gran volumen de ventas, que no deja de ser el mayor interés de la editorial.

Para poder llevar a cabo este proyecto Alberto necesita conocer de primera mano la isla, en la que nunca ha estado y documentarse sobre la misma, por lo que la editorial pone a su disposición un viaje con todos los gastos pagados para que tanto él como su mujer Sofía puedan pasar unas vacaciones allí. Sofía solamente podrá disfrutar de unos días libres por lo que es Alberto el que se adelanta y emprende el viaje, esperando que su esposa pueda acompañarle posteriormente. A su llegada a La Habana Alberto conocerá los lugares más relevantes de la ciudad y su forma de vida mientras se documenta para llevar a cabo su nuevo proyecto, viéndose así implicado en una trama de traiciones y trampas que iremos descubriendo a lo largo de las páginas.

Como se deduce por su argumento, podemos calificar a Los ascensores dormidos de La Habana como un thriller, aunque no encontremos en su interior el ritmo que caracteriza a los mismos, pues en este caso es pausado y tampoco encontramos aquí grandes dosis de acción. Esto no impide que sea un libro que se lee con facilidad y que aunque no da grandes giros, mantiene el interés por el argumento que está desarrollando hasta llegar al desenlace de la historia, que desde mi punto de vista es predecible o al menos era la opción que yo barajaba en todo momento.

El estilo que Carlos Díaz Domínguez emplea es directo y claro, cuidando los detalles y describiendo con acierto los ambientes y escenarios que tanta importancia tienen en esta novela. Utiliza un narrador en tercera persona desde el punto de vista de Alberto principalmente, aunque en ocasiones lo alterna con otros personajes cuya visión es también necesaria para entender el desarrollo de la trama. Gracias al estilo utilizado y a la división en capítulos bastante cortos, es una novela que se lee con bastante rapidez y dinamismo, ritmo que se ve también influenciado por los diálogos.

Las partes dialogadas destacan tanto por su abundancia como por el papel que juegan a la hora de conseguir que el lector se traslade al lugar en el que tiene lugar la acción, puesto que en los mismos se ha reflejado el lenguaje usado por los cubanos, respetando palabras propias de allí y la construcción empleada en sus frases que da lugar a la entonación tan característica de su forma de hablar.
Cuando nos situamos en España también encontramos ese cuidado a la hora de reproducir los diálogos que tienen lugar en Barcelona, pues se utilizan en algunos casos frases aisladas en catalán y si la conversación tiene lugar entre dos personas catalanas una nota a pie de página nos indica que las mismas tendrían lugar íntegramente en catalán pero se han trascrito al castellano para mejor entendimiento general de los lectores. Todo esto es un claro indicativo de que el autor se ha preocupado por cuidar la ambientación de su novela al mínimo detalle para que el lector se sienta parte de la misma.

El escritor Alberto Rodríguez-Conde es el protagonista de la novela y el que mejor perfilado está, enfrentándose a debates internos y manteniendo un comportamiento bastante coherente en todo momento. Al ser testigos de sus decisiones y forma de actuar llegamos a conocerle bien y esto es lo que ha dado lugar a que a mí no me guste nada y me haya caído mal casi desde los primeros capítulos. Sin entrar en demasiados detalles para no incurrir en spoilers, comprendo que una parte de su forma de ser es necesaria para reflejar un aspecto por todos conocido de Cuba, pero aun así no comparto sus actividades ni las entiendo, soy incapaz de congeniar ni conectar con alguien así por lo que me ha sido indiferente todo lo que le ha ocurrido, tanto positivo como negativo.

El resto de personajes tienen una importancia mucho menor aunque no por ello se han descuidado. Todos ellos están caracterizados con acierto, conocemos los aspectos relevantes para el argumento y sus descripciones físicas, importantes en muchos casos como por ejemplo en el de las mujeres, profundizando menos en otros puntos que no tienen tanta importancia. No dan lugar al desarrollo de sus propias tramas paralelas y de ahí que solamente en casos puntuales se profundice más en su psicología o en su vida al margen de la relación que mantienen con el protagonista.

Sin duda el aspecto más relevante en esta novela y con el que yo más he disfrutado es con su ambientación en Cuba en los últimos años del mandato de Fidel Castro. Me atrevería a señalar que ella es la auténtica protagonista de esta obra y no ninguno de sus personajes, los paisajes y su forma de vida sobresalen por encima del resto de la historia. No queda ninguna duda de que el autor conoce de primera mano La Habana, lo que le ha permitido trasladar al papel con tanto acierto las sensaciones que tiene cualquier turista que visita esta ciudad. Esta información obtenida de forma directa queda completa con un trabajo de documentación que le permite exponer otros datos no tan conocidos pero también relevantes e interesantes de cara al lector, incluyendo aspectos históricos.
Os comentaba al principio  que tenía muchas ganas de viajar a Cuba y a través de esta lectura lo he hecho en cierta manera; me encantaría visitar los monumentos y disfrutar del ambiente que se respira en esa ciudad caribeña, aunque hay otros puntos como el acoso al que se ve sometido el turista con la venta de puros o con los taxis que es posible que no llevase muy bien.

He disfrutado mucho conociendo cada uno de los rincones de esta bonita ciudad de la mano de Alberto  y compartiendo sus impresiones, empezando por la sensación que te golpea cuando bajas del avión y respiras por primera vez el aire caribeño, cualquiera que haya viajado allí sabrá perfectamente a lo que Alberto se refiere. Los edificios más relevantes, emplazamientos, calles y monumentos de interés quedan detallados a lo largo de la narración entre ellos la Plaza de Armas, la catedral, la calle Obispo o la plaza Vieja y por supuesto, el Malecón, detallando en la mayoría un poco de su historia y una descripción, por lo que todo es muy visual y se convierte en una especie de guía turística pero que resulta muy amena al seguir al mismo tiempo el desarrollo de la trama.

Calles y monumentos no es lo único relevante en esta ciudad y así también quedan reflejadas sus costumbres, la forma de vida de sus ciudadanos, el ambiente que se vive en las calles o la política e ideología a la que están sometidos. Vemos en sus calles a personas que intentan constantemente vender sus puros a los turistas para obtener ganancias que les permitan vivir, oferta también constante de taxis para el desplazamiento o de gineteras que se ofrecen a los hombres para ganar un poco de dinero a cambio de sexo.

Es un contraste muy grande con nuestra forma de vida y para las personas que no conocemos mucho de Cuba y sus habitantes bastante llamativo, al menos yo desconocía muchas de las escenas que Carlos Díaz describe en su novela. Por otro lado también se plantea la incógnita mientras lees de hasta qué punto es realidad o ficción, puesto que no es extraño encontrar en las novelas elementos incorporados por el autor para hacer la trama más interesante y atractiva, en este caso siempre tenemos la posibilidad de investigar por nuestra cuenta y ampliar la información aquí expuesta. Es por eso que pienso que su lectura va más allá del simple entretenimiento, invita a reflexionar sobre la política, ideologías o sociedad de Cuba puesto que pone de manifiesto situaciones que invitan a ello. Una vez finalizada te quedas con la sensación de que la novela que has leído podría ser perfectamente la que la editorial ha encargado a Alberto, pues encaja en las premisas y desde luego el lector se queda deseando viajar a La Habana.

Creo que si os sentís atraídos por esta ciudad vais a disfrutar con la lectura de esta novela, tanto por la forma en la que está escrita y la parte de intriga, como por la excelente ambientación que tiene que conseguirá que nos traslademos, aunque solo sea mentalmente, a esta maravillosa ciudad y seamos uno más de los miles de turistas que cada año la visitan.




FUENTES: imagen autor http://www.carlosdiazdominguez.com/biografia.html


Gracias a Carlos Diaz Domínguez por facilitarme el ejemplar
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