jueves, 9 de mayo de 2013

UN VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO Y DE LA LECTURA

 Por Pablo Olóndriz, de ComprarebookYa

Estamos en el año 1429 d.C. Un avispado orfebre alemán, llamado Johannes Gutemberg, se asocia con un banquero llamado Johann Fust con la finalidad de publicar el primer libro tipográfico del mundo, el “Misal de Constanza”. Hasta entonces, todos los libros se habían copiado a mano, con la caligrafía exquisita propia de los monjes o frailes que se dedicaban a este menester, lo que hacía que un libro encargado tardase años en entregarse. 

Gutemberg, poco después, apostaría a ser capaz de crear una Biblia en menos de la mitad del tiempo del que tardaban los más rápidos copistas de la época. Para ello pidió otro crédito al banquero Fust, a la vez que, como garantía, se comprometía a trabajar codo con codo con el sobrino de éste, Peter, para que vigilase de cerca la inversión de su tío. 

Al cabo de dos años, cuando Gutemberg estaba cerca de terminar las 150 copias de la Biblia que se había propuesto, se le acabó el dinero. Johann Fust no quiso entonces ampliarle el crédito, quedándose en una hábil maniobra con todo el negocio y poniendo al frente a su sobrino, ducho ya en las artes de la nueva impresión como aprendiz de Gutenberg. 

Gutenberg salió de su imprenta arruinado y se cuenta que fue acogido por el obispo de la ciudad, el único que reconoció su trabajo hasta su muerte, pocos años después.

Un final no muy feliz para el ahora reconocido inventor de la imprenta.

Desde 1429 hasta el año en el que nos ocupa, 2013, poco han cambiado los libros en papel. La diferencia es que ahora se utilizan ordenadores para escribirlos y editarlos y que las imprentas digitales poco tienen en común con el aparato manual de la época de Gutemberg. Sin embargo, el resultado final no es muy distinto. Ambos son de papel, tienen portada, hojas, se pueden oler, tocar, sentir...

Con el auge de los ordenadores e internet en estas últimas décadas, muchas personas también han pasado a leer en pantallas, con las ventajas y desventajas que eso supone. Un día, alguien debió preguntarse: ¿podría tener un aparato electrónico en el que leer, que me pudiera llevar a todas partes y que además no me cansara la vista?  

La respuesta vino en el 2004 de la mano de otra invención, que es la que nos ocupa en este artículo.

El lector electrónico. 

También llamado lector de ebooks o e-reader en inglés. El lector electrónico intenta que la experiencia de lectura tenga el mayor parecido posible con los libros de toda la vida, a la vez que implementa todas las ventajas de ser un aparato electrónico. 

Actualmente, tienes la oportunidad de llevar miles de libros en un mismo dispositivo, más incluso de los que podrías leer en toda una vida. También puedes descargar en cuestión de segundos, vía WiFi, cualquier título sin tener que invertir el tiempo de moverte para buscarlo en librerías. Muchos de ellos permiten también consultar de manera inmediata el significado de palabras o realizar traducciones en el diccionario incorporado e incluso, los más modernos, incorporan una pantalla retroiluminada para leer por la noche o cuando las condiciones lumínicas no son apropiadas.  

El punto principal de cualquier lector es su pantalla. Si es de tinta electrónica, significa que no nos cansará la vista y podremos leer libros todo el tiempo que queramos sin notar molestia alguna, como hacemos con cualquier libro físico. Si su pantalla es diferente entonces no es un e-reader, sino una tablet y no nos servirá para leer de manera apropiada, pues con el tiempo notaremos ese cansancio en los ojos. 

Sin embargo no todo son ventajas para estos nuevos aparatos que cada vez cogen más fuerza en el mercado. Con un e-reader no puedes hacer otras muchas cosas. No puedes tocar el libro que estás leyendo, no puedes apreciar cómo es su forma, no puedes olerlo… 

Y si algún día estos lectores sustituyeran por completo al libro físico no tendría entonces ningún sentido ir a una librería, así como tampoco existirían las bibliotecas públicas y en nuestras casas no tendríamos estanterías llenas de volúmenes, que tan bien quedan y por las que tanto orgullo tenemos. ¿Dónde quedaría el romanticismo de encontrar un libro, cogerlo, darle la vuelta para leer su contraportada, hojearlo un poco…? 

Sería un panorama vacío y triste para los verdaderos amantes de la lectura. Una auténtica pesadilla que haría revolverse en su tumba al mismo Johannes Gutemberg.

Es por ello que muchas personas consideran casi un sacrilegio el utilizar un lector electrónico y se niegan en rotundidad a darse a sí mismos una oportunidad de probarlos. Hay miedo, miedo a que esa pesadilla con el panorama que acabamos de describir pueda convertirse un día en realidad.

Pero, ¿por qué tenemos que ser excluyentes? 

Hay otra alternativa a decantarse por una u otra experiencia de lectura y esa es la llamada convivencia. Los e-readers no han venido para reemplazar a los libros físicos, sino para convivir pacíficamente con ellos. Al fin y al cabo, todos acabamos leyendo en ambos formatos. 

Por lo tanto, un sábado por la tarde podemos seguir yendo a visitar nuestra librería preferida del centro para comprar ese nuevo libro. Más tarde, ya en casa, empezaremos a leer nuestra adquisición y una vez acabado el libro, lo pondremos junto con los demás en la estantería de nuestra habitación. El lunes siguiente, cogeremos nuestro e-reader para estudiar los apuntes de la universidad o para llevárnoslo de viaje, porque han llegado las vacaciones y tantos libros no caben en una pequeña maleta. Es mucho más cómodo. Además con él podremos leer por la noche sin tener que encender la luz y molestar a nadie.

Ahora… ¿Que pasará en un futuro? Actualmente ya se están diseñando nuevos e-readers flexibles, que imitan las hojas de papel… o con color, como cualquier libro normal. ¿Quizá algún día se invente una tecnología que permita a los e-readers tener páginas físicas? ¿Quizá compraremos un libro en blanco con minúsculos chips incorporados y entonces las letras cambiarán, apareciendo y desapareciendo, para adaptarse al título que estemos leyendo?

Porque una cosa está clara y es que, pase lo que pase, nunca será lo mismo acabar una novela cerrando el libro que haciendo click en una crucecita de la pantalla.

Nos encantaría saber tu opinión personal… ¿Tienes algún e-reader o tienes pensado comprar alguno? ¿Cuál ha sido tu experiencia con él? ¿O por otra parte crees que lo mejor sería tirar a la hoguera todos los lectores electrónicos y no volver a saber nada de ellos? 

                                                

Este post es una colaboración de Pablo Olóndriz. Pablo trabaja en ComprarebookYa, una web dedicada al ebook, en la cual se ofrece toda la información, análisis y comparativas sobre e-readers.
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