lunes, 17 de febrero de 2014

Tres colores en Carinhall - Carlos Díaz Domínguez

Título: Tres colores en Carinhall
Autor: Carlos Díaz Domínguez
Editorial: Ediciones B
Año: 2011
ISBN: 978-84-666-4192-0
Nº de páginas: 608

SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ

Tras haber leído Los ascensores dormidos de La Habana y Lágrimas sobre Gibraltar con buenos resultados, tenía muchas ganas de leer Tres colores en Carinhall ya que a las anteriores experiencias positivas se sumaba que estaba ambientada en uno de los periodos que más me atrae a la hora de seleccionar mis lecturas. Una vez finalizada el balance no puede ser más positivo, la novela me ha gustado muchísimo y ya os aviso que recomiendo su lectura sin lugar a dudas.

Como ya os indicaba, Tres colores en Carinhall nos traslada hasta los años de la Segunda Guerra Mundial para contarnos la historia de tres mujeres cuyos destinos se verán marcados por estos acontecimientos. Por un lado conoceremos a Nicolette, una joven francesa activista del Partido Comunista Francés que junto a su hermano y su novio lucha contra los soldados alemanes que han ocupado París. Cuando años más tarde finalice la ocupación, Nicolette seguirá trabajando para la Resistencia y será así como reciba la misión de trasladarse a Alemania donde deberá hacerse con unos importantes documentos que están depositados en el interior de Carinhall, la mansión que Goering, lugarteniente de Hitler, ha construido al norte de Berlín para depositar las obras de arte que ha ido robando por toda Europa.
Con el objetivo de lograr que estos cuadros lleguen en las mejores condiciones posibles es reclutado un español, Luis Molero, empleado del Museo del Prado, quien tendrá que trasladarse junto a su esposa Teresa a Alemania, instalándose en Carinhall donde ella comenzará a trabajar como sirvienta.
Por otra parte, en la mansión vive junto a su esposo y el hijo de ambos Erika, una ambiciosa alemana casada con un alto oficial nazi cuyo principal objetivo es ascender en la escala social sin importarle las consecuencias de las decisiones que tenga que tomar para lograrlo.

Estas tres mujeres darán lugar a tres líneas argumentales relacionadas entre sí cuyo desarrollo iremos siguiendo a lo largo de las páginas de Tres colores en Carinhall, dando lugar a una interesante lectura que atrapa desde el principio y que logra mantener el interés del lector en todo momento.

La novela comienza poniendo en antecedentes al lector y para ello recoge tres preludios de lo que sucede en Francia, Alemania y España respectivamente. A continuación nos encontramos con dos grandes partes de las cuales la primera da comienzo en noviembre de 1940 y la segunda en noviembre de 1944. Ninguna de las dos viene dividida en capítulos pero sí presentan sus propias divisiones internas numeradas y en general de corta extensión, lo que unido a que la acción cambia constantemente entre las distintas protagonistas da mucha agilidad.

En cuanto a su estilo, como ya señalé cuando os hablé de las otras obras del autor, Carlos Díaz Domínguez emplea una prosa directa, concisa y clara, prestando especial atención a las descripciones tanto de los ambientes como de los personajes, y utilizando un narrador omnisciente en tercera persona del pasado para narrar la historia. A pesar de los continuos cambios de personajes y escenarios la trama se sigue con fluidez ya que todo está bien enlazado y el lector no se siente perdido, teniendo claro en todo momento donde nos encontramos y el papel que juega cada personaje.

Uno de los puntos a destacar en Tres colores en Carinhall es, desde mi punto de vista, la construcción de la personalidad de las tres mujeres protagonistas. Nicolette, Teresa y Erika son tres mujeres muy diferentes entre sí a las que el lector llegará a conocer en profundidad gracias a una perfecta construcción. En una obra de estas características, en las que el protagonismo es compartido, pienso que tiene que ser difícil dar forma a tres caracteres diferentes y que los tres queden equilibrados, que no haya uno que sobresalga por encima de los demás y para mí, en esta obra, Carlos lo ha conseguido. Es cierto que en función de los rasgos que las definen he conectado más con alguna pero eso no es obstáculo para que piense que las tres son destacables y están muy bien perfiladas y desarrolladas, logrando que el lector se implique en sus vidas, sufra con ellas o en cambio las odie en función de su diferente forma de actuar.

De esta manera Nicolette y Teresa se ganan nuestro aprecio desde las primeras páginas pues se convierten en las heroínas de esta historia, mientras que Erika es todo lo contrario y a través de sus actuaciones se irá granjeando nuestro desprecio. Las tres son mujeres de carácter, fuertes y decididas y este es un aspecto que me ha gustado, aunque entrando más en detalle cada una tiene unos matices diferentes que las humanizan y dan lugar a sus propios caracteres.

Teresa es la mujer que en principio parece más delicada o vulnerable aunque a medida que la vayamos conociendo nos demostrará que detrás de esta apariencia se esconde una auténtica luchadora que nos sorprenderá con el arrojo de sus decisiones y forma de actuar. Esta valentía y decisión quedan más patentes desde el primer momento en el caso de Nicolette, una joven enérgica, tenaz y atrevida que se ganará nuestro aprecio, al contrario de lo que sucede con Erika quien dejará ver desde el principio su carácter ambicioso, manipulador, vengativo y cruel.

Tres personalidades diferentes que resultan muy reales y cuya evolución iremos siguiendo a lo largo de las páginas pues en función de las situaciones que se ven obligadas a vivir en cada momento sus reacciones son diferentes y dejan ver aspectos que quizás no habríamos esperado en ellas.

Por otra parte, hay un amplio número de secundarios en los que al lado de los personajes ficticios encontramos algunos históricos como Goering, su esposa Emmy, Walter Hofer, Robert Kropp o Iñigo Cavero entre otros. A pesar de que estos secundarios no juegan un papel tan relevante como las protagonistas sus caracteres no se han descuidado e igualmente están perfilados con acierto, encontrándonos con descripciones que nos dan una idea de su apariencia física en el momento de su presentación al lector y descubriendo progresivamente los rasgos más relevantes de su personalidad en función de su importancia para el desarrollo de la trama.

Junto a los personajes, otros puntos a destacar en Tres colores en Carinhall son la ambientación y el contexto histórico en el que se desarrolla la obra. Al final del libro nos encontramos con una nota del autor en la que nos habla de la labor de documentación llevada a cabo y esto es algo que se aprecia en la lectura tanto por las detalladas descripciones que hace de los diferentes escenarios en los que los personajes se mueven como por la multitud de pequeños detalles que nos dan una idea de cómo se vivía en aquellos años. Creo que ya os lo he comentado en alguna otra ocasión que cuando leo una obra de estas características no puedo evitar pensar en lo difícil que debe ser realizar su ambientación, en la que es necesario incluir tantos pequeños detalles del día a día que quizás para el lector puedan pasar desapercibidos pero que en conjunto permiten que hagamos un pequeño viaje en el tiempo para observar lo que sucedía en aquellos años y leyendo Tres colores en Carinhall me he fijado en varios de estos pequeños matices que sin embargo son tan importantes a la hora de valorar el trabajo realizado por el autor.

A pesar de que son muchas las novelas relacionadas con la Segunda Guerra Mundial, Tres colores en Carinhall me ha resultado una lectura diferente a las realizadas hasta ahora. No es que haya sido un tema novedoso pues sobre el expolio de obras de arte ya había leído La pintora de estrellas y La tabla esmeralda, pero aún así me ha gustado mucho el enfoque que Carlos Díaz Domínguez le ha dado a su obra y siempre se agradece encontrar lecturas que se alejen un poco de esos temas que son más habituales. El eje en torno al que se construye el argumento de la novela parte del saqueo de obras de arte que se vivió en Europa durante la Segunda Guerra Mundial y así nos permite conocer la mansión construida por Goering para depositar todas estas obras: Carinhall. La mansión queda retratada con todo lujo de detalles de tal manera que conocemos como era su distribución, la forma de vida en la misma, quienes residían en ella y especialmente el elevado número de piezas artísticas llegadas de todos los lugares que cubrían sus inmensas paredes y que eran el orgullo de Goering.

Como os comentaba en las primeras líneas, Tres colores en Carinhall es una novela que me ha gustado muchísimo y os recomiendo su lectura si estáis interesados en este periodo histórico. Una obra bien documentada que cuenta con una trama bien planteada y desarrollada en la que se entrecruzan los personajes y lugares reales con otros ficticios, que se lee con gran facilidad y en la que destacan tanto la construcción de sus tres figuras protagonistas como su cuidada ambientación, la cual nos permitirá descubrir cómo se vivía en la mansión de Carinhall.



FUENTES: imagen autor aquí

Gracias a la editorial y al autor por facilitarme el ejemplar 
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