miércoles, 21 de mayo de 2014

Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo (Miguel Albandoz)

Título: Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo
Autor: Miguel Albandoz
Editorial: Nieva Ediciones
Año: 2010
ISBN: 978-84-937-5605-5
Nº de páginas: 269

SINOPSIS: Lee la sinopsis de este libro pinchando AQUÍ

Hace ya bastante tiempo que UnSurConMuchoNorte se puso en contacto conmigo y me regaló esta novela que, por unas cosas y otras, se fue quedando en la estantería hasta hace unos días en que gracias a un intercambio de mails, por fin la rescaté y comencé con su lectura.

Detrás de este título tan curioso se esconde una novela que, en cierta forma, podríamos calificar de coral, pues a lo largo de sus páginas vamos siguiendo el curso de las aventuras de varios personajes que por diversos motivos acaban relacionados entre sí. Así por una parte conocemos a Facundo Palomero, a quien le sonríe la fortuna tras largos años de quinielista cenizo, acertando catorce apuestas y cambiando este premio su vida, que se vuelve más holgada y despreocupada.
Por otra parte está Vicente Valladar, presidente de Apochical, fundación de “Apoyo a las chicas de alterne”, quien a causa de su afición a las apuestas se encuentra en una comprometida situación que en caso de no solucionar, hará que tenga que hacer frente a un ajuste de cuentas.
Junto a ellos también nos encontramos a Virgilio, dueño de la única librería de todo Quintana Salceda y amigo íntimo de Facundo, a Hermógenes Portosilandínez, carbonero en paro que acaba de completar un cursillo de control de plagas con el que espera sacar algún dinero extra al margen del subsidio de desempleo, o a doña Justa, vecina de Facundo y a quien no le agrada nada la nueva situación que tiene ahora su vecino.

Estos y otros personajes se van sucediendo a lo largo de las páginas de la novela, dando lugar a una serie de estrambóticas situaciones en las que sus vidas se irán entrelazando de una forma u otra hasta llegar al desenlace de la historia.

Nos encontramos ante una novela escrita en clave de humor que cumple su propósito resultando una lectura entretenida. Yo no soy aficionada a los libros de humor, únicamente los que se encuadran dentro del chick lit me llaman la atención y por eso son pocas las veces que me animo con este tipo de obras, como habréis podido comprobar por las escasas reseñas que he publicado dentro de este género en estos tres años.

La lectura de Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo no me ha llevado demasiado tiempo pues su corta extensión permite que se pueda leer sin problemas en un par de tardes. La novela se encuentra dividida en treinta capítulos a lo largo de los cuales se va desarrollando la trama alternando entre los diferentes personajes en torno a los cuales esta se va construyendo. De esta manera, los primeros capítulos están centrados en presentar a cada uno de ellos junto a la situación en la que se encuentran para a continuación, comenzar a enlazar sus diferentes historias individuales. En mi caso, los primeros capítulos no consiguieron despertar mi interés pues no veía una clara relación entre lo que me estaban contando, pero una vez que los diferentes personajes empiezan a entrar en contacto y vamos viendo cómo están relacionados, la lectura se volvió más interesante, con lo que esta parte me ha gustado más.

Por lo que se refiere a su prosa, Miguel Albandoz emplea un estilo ameno, claro y sencillo, con abundantes diálogos que agilizan la lectura y a través de los cuales además queda reflejada la personalidad y nivel económico y social de cada personaje, por lo que el lenguaje en ellos se vuelve coloquial.

Como señalaba anteriormente, Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo es una especie de novela coral y así son muchos los personajes que tienen una posición principal al protagonizar su propia historia, aunque posteriormente todas desemboquen en una misma línea argumental. El grupo de amigos formado por Facundo Palomero, Vicente Valladar y Olegario Morón junto a Virgilio Mier, Evaristo Rominchal, Hermógenes Portosilandínez y la señora Justa son los ocho personajes en torno a los cuales se va desarrollando todo, respondiendo a diferentes caracteres que en algunos casos resultan más carismáticos que otros pero que en general responden a figuras que podríamos encontrar en cualquier pueblo. Miguel Albandoz perfila a sus personajes con naturalidad, ofreciendo la información precisa para que nos hagamos una idea de cómo es cada uno a nivel psicológico y no es un libro que requiera una evolución en los mismos por lo que en este sentido no va a haber cambios significativos en sus perfiles.

La acción tiene lugar en la provincia de Burgos, alternando entre Burgos y un pequeño pueblo denominado Quintana Salceda que no destaca por nada especial, encajando su forma de vida y ambiente con el que se respira en otros muchos pueblos de España. Sin entrar en excesivas descripciones el autor nos hace un retrato bastante claro de su apariencia, señalando los establecimientos que en el mismo existen, la forma de vida y costumbres de sus vecinos, la distribución de sus calles, el clima o las festividades, logrando que finalicemos la lectura con la sensación de que hemos hecho un corto viaje a esta localidad.

En definitiva, como deja intuir su título, Tengo ganas de morirme para ver qué cara pongo es una novela escrita en clave de humor y que está construida a través de situaciones cotidianas que marcan el día a día de sus protagonistas, llegando en algunos casos a resultar un tanto absurdas o irreales. Una lectura ágil y entretenida con la que pasaréis un rato ameno y divertido, por lo que resulta ideal para desconectar en determinados momentos.

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