miércoles, 16 de julio de 2014

Acariciando el cielo - Fernando Cimadevila

Título: Acariciando el cielo
Autor: Fernando Cimadevila
Editorial: Desnivel ediciones
Año: 2014
ISBN: 978-84-9829-300-5
Nº de páginas aprox.: 125


Cuando Fernando Cimadevila contactó conmigo y me ofreció leer Acariciando el cielo, a pesar de no conocer la novela, un primer vistazo a su sinopsis, en la que descubrí donde transcurría, me llevó a aceptar la propuesta y a los pocos días llegó a casa, comenzando su lectura inmediatamente pues su brevedad invitaba a ello.

La caída de Lehman Brothers supone un duro golpe para las inversiones del grupo en el que trabaja el protagonista de Acariciando el cielo, convirtiéndose él en cabeza de turco y suponiendo esto su despido e inhabilitación durante un largo periodo. Ello hace que pierda la posición acomodada que llevaba, a sus amigos e incluso a su novia, encontrándose sin nada y nadie a quien acudir, por lo que toma la decisión de regresar al pueblo que le vio nacer en Galicia. Allí se encuentra con su padre, un hombre del que en los últimos años se ha ido distanciando, especialmente tras la muerte de su hermano Ernesto en el Everest, de la que en cierta forma este le hace responsable. Sin embargo, el hallazgo de un cuaderno de viaje que Ernesto llevaba en la escalada desvelará una serie de datos que harán que se cuestione las circunstancias de su muerte y decida emprender un viaje al Himalaya para seguir sus pasos y descubrir lo que realmente sucedió.

En su correo, Fernando me comentaba que la novela había quedado finalista del premio Desnivel de literatura de viajes y montaña 2014 y, basándome en esto, yo me hice una idea del tipo de historia que iba a encontrar, aunque una vez leída he comprobado que no me he aproximado demasiado. Acariciando el cielo me ha sorprendido muy gratamente ya que además de encajar dentro del género de literatura de viajes, presenta una trama con dosis de intriga que me ha mantenido pegada a sus páginas desde el principio.

Estructuralmente, Acariciando el cielo se presenta dividida en catorce capítulos en general bastante cortos lo que imprime dinamismo a la lectura. En todos ellos se utiliza la narración en primera persona, correspondiendo al hermano de Ernesto la voz narrativa excepto en aquellos casos en los que se reproducen fragmentos del cuaderno de viaje de Ernesto, maquetados en letra cursiva y en los que él es el narrador.

Por lo que se refiere al estilo, Fernando Cimadevila emplea una prosa clara y sencilla que se lee con enorme facilidad, con abundantes diálogos y un ritmo ágil que no decae en ningún momento. Como os decía, la novela tiene las suficientes dosis de intriga para enganchar desde las primeras páginas, obligándonos a avanzar constantemente para desvelar las incógnitas que se plantean en torno a lo sucedido en el Everest. Además, cuenta con un atractivo añadido pues nos permite viajar, aunque solo sea a través de la imaginación, hasta las tierras de Nepal, contando con descripciones que sin extenderse demasiado nos dan una clara visión tanto de los paisajes como de las condiciones climatológicas y forma de vida en dicha zona.

Como narrador y protagonista de la novela nos encontramos con un hombre cuyo nombre no se llega a desvelar en ningún momento. Le conocemos en un momento que supone un punto de inflexión en su vida al tener que pasar de una posición exitosa que le ha convertido en una persona fría, distante y un tanto egoísta, a perderlo todo y darse cuenta de que no ha sabido valorar las facetas más importantes de su vida y se encuentra solo. De esta manera asistiremos a la transformación que se va produciendo en su personalidad, reencontrándose con la persona que dejó atrás en su juventud. Es un personaje que a nivel psicológico está bien perfilado y al igual que ocurre con las personas que le rodean, nosotros también acabamos cambiando nuestra percepción sobre él a medida que va evolucionando.

Asimismo queda retratado con acierto su padre, un hombre dolido, resentido con uno de sus hijos y atormentado por la prematura muerte del otro, encontrando un único consuelo en el alcohol en el que ahoga sus penas. Es un personaje que resulta cercano y por el que el lector siente simpatía desde un primer momento pues entendemos su postura y compartimos su dolor. 
Junto a ellos otra figura igualmente importante es Ernesto, a quien únicamente conocemos por las referencias que los demás ofrecen sobre él y por lo que vamos leyendo de su diario, observando su espíritu aventurero, su constancia y tenacidad por alcanzar los objetivos que se ha marcado, además de su carácter bondadoso y amable.

Un punto que es necesario mencionar es la excelente ambientación con la que cuenta Acariciando el cielo. No es un libro que incluya largas o excesivas descripciones pero sí nos ofrece los datos necesarios para que podamos dibujar en nuestra mente sin problema los exóticos paisajes en los que transcurren las diferentes escenas, recogiendo la belleza de estos parajes y lugares que han permanecido casi inalterados desde hace miles de años. Nos trasladamos a ubicaciones como Katmandú, Namche Bazaar o el Everest, hablándonos Fernando Cimadevila de los aspectos más característicos del pueblo nepalí, de su hospitalidad, de su cultura o de sus tradiciones. Todos estos puntos me han resultado muy interesantes y, como siempre me ocurre con este tipo de libros, se han incrementado mis ganas de visitar Nepal, aunque de momento me tendré que conformar con este fascinante viaje virtual que he realizado gracias a la lectura de Acariciando el cielo.

Estrechamente relacionado con lo que acabo de comentar, otro punto muy llamativo es la información que la novela nos da en torno a la ascensión al Everest, conocido en Nepal como Sagarmatha o Frente del Cielo. Somos testigos de los pasos que sigue Eduardo para completar su preparación física, el equipo que es necesario llevar, las dificultades a las que tiene que hacer frente en la ascensión o las distintas etapas que es necesario ir completando en cada uno de los campos base para que el cuerpo se vaya aclimatando a la falta de oxígeno, hasta llegar finalmente al Balcón, situado a 8400 metros y posteriormente escalar el escalón de Hillary, lo que supone alcanzar la cumbre del mundo y poder “acariciar el cielo”.

Poco más os puedo contar de la novela de Fernando M. Cimadevila así que solo me queda recomendaros su lectura tanto si sois aficionados a la intriga como si os apetece realizar este fantástico viaje. Acariciando el cielo es una obra que cuenta con una excelente ambientación que nos traslada hasta las tierras de Nepal, que resulta interesante por acercarnos a las dificultades que entraña la ascensión del Everest y que además ofrece las suficientes dosis de intriga para despertar nuestro interés desde las primeras páginas, haciendo que su lectura resulte muy amena y entretenida.


FUENTES: imagen Everest, imagen mapa Nepal 
Gracias al autor y a la editorial por facilitarme el ejemplar 
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