viernes, 18 de julio de 2014

Un hotel en ninguna parte - Mónica Gutiérrez

Título: Un hotel en ninguna parte
Autor: Mónica Gutiérrez
Editorial: Autoeditado
Año: 2014
Nº de páginas aprox.: 186

El año pasado Mónica Gutiérrez, administradora del blog Serendipia, nos sorprendió con la publicación de Cuéntame una noctalia, una obra que a mí me cautivó y me dejó con ganas de seguir leyéndola, por lo que cuando hace unas semanas me envió un mail anunciándome que publicaba "Un hotel en ninguna parte", acepté encantada su propuesta de lectura y a los pocos días de recibirlo me puse con él, participando además en la lectura conjunta organizada por Isi.

Un hotel en ninguna parte nos traslada hasta El bosc de les fades, un antiguo monasterio benedictino del siglo X, situado en medio de un espeso bosque, reformado y convertido en un hotel regentado por los hermanos Samuel y Tristan Brooks. A este hotel llega para trabajar en invierno como camarera de habitaciones Emma Voltarás, acompañada de su violín y, en cierta manera, huyendo de un pasado que quiere olvidar. Puesto que es temporada baja, el hotel solamente cuenta con un huésped, el novelista William Lexington, además de los miembros del servicio que poco a poco harán que Emma se sienta como en su propia casa, surgiendo la amistad e incluso el amor, sentimiento que ella había dado por olvidado pero que paulatinamente se irá abriendo camino en su corazón.

Al igual que me ocurrió con Cuéntame una noctalia, Un hotel en ninguna parte me ha encantado y es que Mónica tiene una forma de escribir que me resulta maravillosa, logra transmitir a través de las palabras y de las historias que construye una sensación de bienestar y tranquilidad que hacen que leerla sea una delicia.

La novela se desarrolla a través de una estructura epistolar adaptada al tiempo actual puesto que en lugar de cartas los personajes se intercambian mails. De esta manera vamos siguiendo el curso de la historia a través de lo que Samuel, Tristan y Emma, los tres personajes principales, narran en los correos electrónicos que remiten por una parte los hermanos a su madre, Martha Brooks, y por otra Emma a su amiga Anna. Cada uno de estos mails se puede hacer equivaler a un capítulo en la obra, comenzando todos ellos con un encabezado que nos indica quién envía el mail, a quien va dirigido y el asunto.

Como os decía, Mónica tiene un estilo narrativo que cautiva desde las primeras líneas. Utiliza una prosa cuidada, elegante, natural y que resulta muy cercana al lector, lo que hace que la lectura resulte sumamente agradable, transmitiendo, al igual que ya ocurría en Cuéntame una noctalia, una sensación cálida y acogedora de la que no quieres desprenderte. Puesto que cada mail es redactado por un protagonista, en todos se utiliza la primera persona y el tono de la narración se adapta para reflejar las diferentes personalidades, siguiendo la narración un ritmo pausado pero constante, en consonancia con el tipo de historia que la obra recoge.

Unido a esto es también necesario hacer mención a sus personajes, todos encantadores, cuidados al detalle en su construcción y presentados con gran calidez, haciendo que adquieran vida propia y resulten muy próximos al lector. Tres son las figuras principales, coincidiendo con los remitentes de los mails, respondiendo a personalidades diferentes que iremos descubriendo en función de su forma de actuar. Por una parte está Emma, la joven que llega a El bosc de les fades buscando un refugio que le permita olvidar las experiencias vividas recientemente. Emma es una mujer afectuosa, cordial, sensible y tierna que se gana la simpatía del lector desde un primer momento.

Por otra parte tenemos a Samuel, el mayor de los hermanos Brooks y que se presenta como un hombre serio, disciplinado, reservado y solitario, entregado por completo a la administración del hotel, proyecto en el que ha puesto todos sus esfuerzos e ilusión, tras dar por terminado un matrimonio que no ha salido bien. Es un hombre que a pesar del carácter cerrado y formal que presenta resulta agradable, mostrando una evolución progresiva a medida que avancemos en el tiempo.

Finalmente cierra el grupo Tristan Brooks, completamente diferente a su hermano pues tiene una personalidad abierta y cordial, es un tanto irresponsable y entre sus aficiones se encuentran hacer surf, jugar al billar o tomar cervezas con sus amigos, además de sus múltiples conquistas. Es una figura que también despierta nuestra simpatía con su optimismo, vitalidad y despreocupación, aunque en él también habrá un cambio progresivo.

Aunque ellos tres son los personajes principales, hay una serie de secundarios perfilados con acierto con los que el lector se acaba encariñando. De esta manera encontramos a la doncella Marbel, una mujer encantadora, cariñosa y paciente que reside en el hotel junto a su hija; Joaquim, el chef tranquilo, soñador, simpático y amable que además toca en un grupo de música heavy; el señor Lexington, novelista inglés ganador del Premio Nobel de Literatura y que es el único huésped que habita en El bosc de les fades o incluso el ogro malhumorado con acento francés Phillip, encargado de la recepción.

El estilo narrativo y los carismáticos personajes se unen a una estupenda ambientación para aumentar el atractivo de Un hotel en ninguna parte. Si bien la acción se sitúa en la provincia de Girona, tanto El bosc de les Fades como el pueblo de Mirall de Mar en cuyas proximidades se sitúa son totalmente de ficción, lo que no deja de ser una pena por que sin duda una vez finalizada la lectura te quedas con ganas de alojarte una temporada allí. 
Mónica incluye descripciones precisas y certeras que nos trasladan a El bosc de les Fades llegando a conocer su estructura, las diferentes habitaciones y decoración que presentan, el encanto de los jardines que lo rodean o el bosque mágico que es necesario atravesar para alcanzar el hotel intentando descubrir las hadas que podrían habitar en él. La belleza de este paraje envuelve al lector desde un primer momento y la paz que en él se respira nos embarga, contribuyendo a la sensación de bienestar que os comentaba anteriormente.

Junto al hotel también adquiere cierta trascendencia el pueblo de Mirall de Mar que en alguna ocasión visitan los protagonistas, destacando especialmente la pequeña tienda de té Caelum et mare que a pesar de su decadencia presenta un gran encanto, resultando llamativa para cualquier aficionado a esta bebida, que por otra parte adquiere protagonismo en determinados puntos de la narración encontrándonos con referencias sobre diferentes tipos.

Poco más os puedo contar sobre Un hotel en ninguna parte pues creo que si habéis llegado hasta aquí, os habréis dado cuenta de lo mucho que me ha gustado y de que os recomiendo su lectura si queréis experimentar la agradable sensación que produce trasladarse a El bosc de les Fades. Una obra bien escrita, con una ambientación maravillosa y unos personajes entrañables cuya lectura transmite bienestar y calidez, además de resultar muy entretenida.

Si te ha gustado mi reseña, puedes comprar el libro a través del siguiente enlace:


Gracias a Mónica por facilitarme el ejemplar
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