lunes, 11 de agosto de 2014

Memento mori - César Pérez Gellida

Título: Memento mori
Autor: César Pérez Gellida
Editorial: Suma de Letras
Año: 2013
ISBN: 978-84-8365-453-8
Nº de páginas: 588

Tras haber leído tantas opiniones positivas de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne de César Pérez Gellida, estaba deseando leer al menos el primer volumen, "Memento mori"; aunque por otra parte tenía cierto temor a que las altas expectativas no se viesen cumplidas. Cuando hace unas semanas tuve la suerte de ganar los tres libros que la componen en el sorteo aniversario de La historia en mis libros, me decidí por fin a comenzar y el resultado ha sido positivo, me ha gustado mucho y en breve espero continuar con Dies irae.

A estas alturas poco os puedo contar de Memento mori que no sepáis ya, pues el libro se ha convertido en un auténtico best seller y son muchas las opiniones que han ido apareciendo en los diferentes espacios literarios. La trama comienza con el asesinato de una joven ecuatoriana cuyo cadáver aparece con los párpados amputados y con un poema en el que se anuncia su muerte introducido en la boca. El inspector de homicidios Ramiro Sancho será el encargado de llevar a cabo la investigación de este caso, que le pondrá sobre la pista de un peligroso asesino en serie que ha comenzado a actuar en la ciudad de Valladolid. Cuando la investigación comience a complicarse, entrará en escena uno de los especialistas más reconocidos en el comportamiento de este tipo de asesinos, quien intervendrá en el caso para ayudar a Ramiro a estrechar el cerco sobre él antes de que comenta nuevos crímenes.

César Pérez Gellida (Fuente)
Memento mori es una de esas novelas en las que una vez leídas las primeras páginas, es difícil abandonar hasta llegar al desenlace. El planteamiento inicial tiene todos los ingredientes para captar el interés del lector, pues parte de la ejecución de un asesinato en el que conocemos tanto a la persona que lo comete como al inspector que se va a encargar de llevar a cabo la investigación, lo que nos obliga a seguir leyendo si queremos averiguar tanto las motivaciones del asesino como la resolución del caso.

Sus casi seiscientas páginas vienen agrupadas en diversos capítulos cuyos títulos han sido tomados de las letras de las canciones de Enrique Bumbury y el libro se completa con un par de planos de la ciudad de Valladolid, además de un listado de los personajes. Cuenta con una única línea argumental aunque la narración nos llega desde diferentes perspectivas y así, utilizando un narrador omnisciente, unos capítulos están relatados desde el punto de vista del propio asesino y otros desde el del inspector Ramiro Sancho. Para ayudar al lector a ubicarse espacial y temporalmente, todos los capítulos incluyen la indicación del escenario en el que se sitúa la acción junto a la fecha y hora correspondientes y en caso de que a lo largo del mismo cambie esta ubicación, también aparece señalado por lo que es muy fácil seguir la lectura.

Memento mori cuenta con un ritmo intenso que se mantiene durante toda la novela y que no da respiro al lector, haciendo que avancemos páginas casi sin darnos cuenta. A ello también contribuye el estilo del autor, fluido, sencillo, directo y con abundancia de diálogos que imprimen agilidad a la lectura. Para ayudar en la comprensión del texto, en aquellos casos en los que es necesario, el autor introduce notas a pie de página para explicar algunos términos utilizados o para traducir frases en latín o letras de algunas canciones que aparecen intercaladas, algo que siempre se agradece.

Son dos los personajes principales en la trama aunque los secundarios adquieren igualmente mucha relevancia. Esto da lugar a que todos ellos estén bien presentados, perfectamente caracterizados para que el lector llegue a conocerlos en profundidad y entienda sus motivaciones, además de resultar cercanos, realistas y actuales, como si se tratase de personas extraídas del día a día.

Por un lado nos encontramos a Ramiro Sancho, al frente del Grupo de Homicidios de Valladolid desde hace tres años, separado y desde entonces encerrado en sí mismo y en su trabajo. Su barba pelirroja junto a sus ojos claros y su metro ochenta y siete centímetros de estatura son los rasgos más llamativos que identifican su físico, siendo una de sus manías tirarse de los pelos de la barba junto al uso del refranero popular en sus conversaciones. Es un hombre que responde a un carácter serio y reservado, profesional en su trabajo, íntegro y honesto; con el que es fácil empatizar desde el principio.

Como antagonista nos encontramos con Augusto Ledesma, asesino en serie cuya identidad conocemos desde las primeras páginas y cuyas motivaciones se irán concretando a medida que avancemos y vayamos conociendo lo que ha sido su pasado. Es un personaje bien dibujado a nivel psicológico a través de multitud de matices que dan forma a una compleja personalidad. Es calculador, frío, egocéntrico y antisocial, y cuenta con una gran inteligencia y cultura, destacando entre sus aficiones la música y la poesía, medio que utiliza para expresar las causas de cada uno de sus crímenes.

Y junto a ellos un amplio número de secundarios tanto del Cuerpo Nacional de policía como civiles, que juegan un papel relevante en la trama, por lo que también llegaremos a conocerlos bastante bien. Entre ellos merece mención especial Armando Lopategui, alias “carapocha”, psicólogo criminalista que llegará a Valladolid para ayudar en la investigación y que es un personaje muy carismático.

Un punto a favor de la novela es que la acción transcurre en la ciudad de Valladolid, resultando un escenario novedoso para este tipo de libros. Además la ambientación está cuidada al mínimo detalle pues César Pérez Gellida es vallisoletano, lo que le permite movernos con soltura por cada uno de sus barrios y locales. Puesto que es una ciudad que he visitado en numerosas ocasiones, me ha gustado mucho encontrarme con una obra ambientada ahí, con escenarios que conozco de primera mano y otros que me he anotado para futuras visitas, entre ellos, como no podía ser de otra manera, el propio Zero Café. El Zero Café es uno de los locales que aparece más a menudo a lo largo de los capítulos por su relación con Augusto y otras de las ubicaciones que más importancia tienen son el barrio de Covaresa, la zona de Parquesol, Delicias o Arturo Eyries.

Señalaba anteriormente que los títulos de los capítulos se correspondían con letras de las canciones de Bumbury, y es que Memento mori es un libro en el que la música está muy presente. Nos encontramos con múltiples referencias a grupos musicales como Héroes del silencio, Depeche Mode o Vetusta morla entre otros muchos que aparecen recogidos en un glosario final que da lugar a la banda sonora y que en el prólogo que lo acompaña, Michael Robinson denomina “música para matar”, animándonos a escucharlas.

El final, al ser la primera parte de una trilogía, no es cerrado y quizás es una de las cosas que más rabia me ha dado ya que no soy muy aficionada a este tipo de finales. Lo bueno en este caso es que las dos partes siguientes ya están publicadas y además las tengo en la estantería, por lo que no creo que tarde demasiado en averiguar cómo continúa la historia.

Como veis, en este caso aunque las expectativas estaban muy altas el libro las ha cumplido sin problema y mi opinión coincide con la de la mayoría de lectores, una unanimidad que siendo la primera novela que el autor escribe, tiene su mérito. Memento mori es una obra en la que a pesar de conocer al asesino desde el principio, logra mantener la tensión y el interés del lector a lo largo de sus casi seiscientas páginas, contando con una serie de giros y sorpresas argumentales que desembocan en un inesperado final que invita a leer su segunda parte si queremos desvelar los interrogantes que han quedado abiertos. 

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