jueves, 16 de octubre de 2014

Los pasos que nos separan - Marian Izaguirre

Título: Los pasos que nos separan
Autor: Marian Izaguirre
Editorial: Lumen
Año: 2014
ISBN: 978-84-264-0138-0
Nº de páginas: 384

Opinión Los pasos que nos separan

Tenía muchas ganas de leer a Marian Izaguirre por las diferentes opiniones sobre La vida cuando era nuestra que había visto, la mayoría de ellas positivas. Sin embargo no ha sido este el título seleccionado para estrenarme con ella, sino su última novela, Los pasos que nos separan, la cual sale a la venta hoy día 16 de octubre pero que, gracias a la editorial, he tenido la posibilidad de leer antes para contaros mis impresiones.

"Los pasos que nos separan" comienza situándonos a finales de los años setenta para presentarnos a Salvador Frei, un escultor viudo que, a sus casi ochenta años, siente la necesidad de viajar a los lugares en los que pasó su juventud en los años veinte. Para ello busca ayuda colocando un anuncio en los periódicos en el que ofrece un puesto de trabajo a una persona que deberá viajar con él, acompañándole las veinticuatro horas del día y solucionando todos los problemas que surjan. Aunque inicialmente su idea es contratar a un estudiante masculino, finalmente será Marina, una joven de veinte años, quien acabe obteniendo el trabajo, iniciando así un viaje juntos que les llevará en primer lugar a Italia, y desde allí a Trieste, Liubliana y Zagreb. Poco a poco entre Salvador y Marina nacerá una complicidad que dará paso a antiguos recuerdos, haciendo que el anciano vuelva atrás en el tiempo para revivir la historia que vivió en su juventud al lado de la que se convertiría en la mujer de su vida, Edita.

Marian Izaguirre
Marian Izaguirre (Fuente)
Con este planteamiento, Los pasos que nos separan se desarrolla a través de dos hilos temporales distribuidos a lo largo de cincuenta y dos capítulos, uno situado en lo que sería el tiempo actual, a finales de los años setenta, y otro que nos permite viajar en el tiempo para descubrir el pasado de Salvador y Edita. A su vez, estos capítulos se presentan agrupados en cuatro partes más una final que correspondería al epílogo, empleando en la mayoría un narrador omnisciente que en alguna ocasión asume la primera persona para dejarnos ver la identidad que se esconde detrás de esta voz narrativa. Marian Izaguirre escribe con un estilo muy cuidado y elaborado, combinando el tiempo de la narración en función del énfasis que sea necesario imprimir a cada escena y sin que esto provoque que el lector se sienta incómodo o desorientado. Así, y a pesar de que la mayoría de la narración es en tercera persona del pasado, nos encontramos con algunos pasajes en los que se utiliza el tiempo presente, contribuyendo a reforzar la atención del lector sobre lo que está sucediendo, y como ya señalé, en otros cambia a un narrador en primera persona. Por lo que se refiere a la prosa, la autora hace uso de un lenguaje preciso, depurado, elegante y cargado de sensibilidad, que resulta muy agradable de leer a lo que se suma un ritmo que, sin ser trepidante, se mantiene ágil y constante.

Me gustan mucho los libros que transcurren a través de dos hilos temporales aunque la mayoría de las veces me suelo encontrar con que las tramas están descompensadas y una me acaba gustando más que otra. En el caso de Los pasos que nos separan no ha sido así y ambas historias han despertado mi interés desde las primeras páginas pues si bien no es un libro que tenga altas dosis de misterio o intriga, sí hay cierto suspense en torno a lo que sucederá finalmente con los protagonistas, tanto en el pasado como en el presente.

Nos encontramos con dos figuras en torno a las que se va desarrollando el libro, conectadas a través del viaje que están realizando juntos. Aunque en un principio pueden parecer dos personas muy diferentes, especialmente por la edad que les separa, poco a poco y a medida que vayamos profundizando en sus historias personales nos daremos cuenta de que entre ellos existen puntos en común y cada uno tiene algo que aportar a ese vínculo tan especial que se va creando entre ellos. 

Salvador es un hombre que, debido a su avanzada edad, siente que está llegando a la etapa final de su vida, por lo que necesita poner en orden algunas cuestiones que dejó pendientes en sus años más jóvenes. Gracias al relato en dos tiempos podremos observar las diferencias entre el hombre que es actualmente, con la experiencia y madurez que su edad conlleva, y el que fue en su juventud, cuando trabajaba como ayudante del escultor Sergio Spalic en Trieste, donde con veintiún años conocería casualmente a Edita, una mujer algo mayor que él de la que se enamoraría perdidamente. Salvador es un personaje con el que he tenido sentimientos encontrados pues no ha despertado en mí la misma simpatía el hombre anciano que el que fue en su juventud, algo que creo que es muy positivo pues refleja la evolución que se va produciendo en él.

Marina por su parte es una joven con la que desde el principio he conectado quizás debido a la situación en la que se encuentra tras regresar de unas vacaciones en Ibiza que han modificado su mundo completamente, obligándola en cierta forma a madurar y tomar una decisión para la que no está preparada. Observamos su angustia, el miedo que siente ante su nueva situación, la indefensión y la soledad que la rodea, sentimientos que su personaje transmite al lector logrando que nos coloquemos en su lugar y compartamos sus problemas y temores.

Me ha gustado la combinación que ha realizado Marian Izaguirre para crear su pareja protagonista tanto por sus caracteres como por la forma en la que los ha ido aproximando y salvando las diferencias que había entre ellos. Ambos están perfilados con cuidado y acierto pues resultan personas cercanas y reales, alejadas de la perfección, con sus propios problemas y circunstancias personales que dan lugar a necesidades, especialmente a nivel afectivo.

Junto a ellos existe una tercera figura dotada de un importante grado de protagonismo por el papel que juega en el pasado de Salvador: Edita. A ella la vamos a descubrir en mayor medida gracias a los recuerdos de Salvador y puede que sea esta la razón de que me haya resultado más distante, ha sido un personaje con el que no he conseguido congeniar, aunque también puede ser debido a la posición en la que se encuentra y los actos que lleva a cabo. No voy a entrar en detalles pues prefiero que sea cada futuro lector el que conozca las circunstancias que rodean a esta mujer eslovena, nacida en Liubliana y que tuvo que trasladarse con su padre y cinco hermanas a la ciudad de Zagreb cuando construyeron el ferrocarril del Adriático, donde creció feliz junto a su familia.

Son varias las líneas argumentales que se entrecruzan a lo largo de las páginas de Los pasos que nos separan y a través de las mismas Marian Izaguirre aborda diferentes temas en mayor o menor medida. El amor y el vínculo de la amistad están presentes desde las primeras páginas y ocupan una posición relevante en el desarrollo de una historia en la que la autora aborda la influencia del pasado en el presente, los errores cometidos y el sentimiento de culpa o, asociado a este, el perdón. En la misma medida están presentes cuestiones como la construcción de la identidad, el destino de cada uno o la capacidad para tomar decisiones que marcarán el resto de nuestra existencia, quedando este último punto en cierta forma relacionado con la maternidad y las responsabilidades que conlleva.

Los pasos que nos separan no es una novela histórica pero sí cuenta con un interesante telón de fondo en el que los acontecimientos van marcando la vida de sus protagonistas. En la línea argumental del pasado nos situamos en los años veinte en una Italia que tras la reciente finalización de la guerra vive una situación convulsa, desmedida e improvisada. Trieste, que ha pasado a formar parte de Italia, se ha convertido en una ciudad insegura y peligrosa con manifestaciones y actos violentos contra los eslavos que residen en ella. Al mismo tiempo que seguimos los pasos de Salvador y Edita, vamos observando la atmósfera que se vive en la ciudad de Trieste, cada vez más tensa, y conocemos algunos de los hechos históricos que tienen lugar en esos años, desde 1920 hasta comienzos de 1923, cuando se lleva a cabo la Reforma Gentile, y la Venezia Giulia y Trieste son italianizadas a golpe de decreto.

En definitiva, Los pasos que nos separan es una novela bien escrita, construida a través de dos hilos temporales, con un interesante contexto histórico como telón de fondo y con unos personajes cercanos que hacen que primen sentimientos y emociones. Marian Izaguirre ha escrito una bonita historia que nos habla del pasado y del presente, de errores y de culpa, pero en la que también tienen cabida las nuevas oportunidades, el perdón y sobre todo, el amor y la amistad. 

Si te ha gustado mi reseña puedes adquirir el libro a través de los siguientes enlaces:


Gracias a la editorial por facilitarme el ejemplar para su reseña
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