miércoles, 14 de enero de 2015

Invierno en París - Imogen Robertson

Invierno en París
Título: Invierno en París
Autor: Imogen Robertson
Editorial: Alianza editorial
Traducción: Paloma Tejada
Año: 2014
ISBN: 978-84-206-9068-1
Nº de páginas: 476

Invierno en París de Imogen Robertson fue una de las novedades literarias cuyo planteamiento más me llamó la atención el pasado otoño al presentar una historia de intrigas ambientada en un periodo que se encuentra entre mis favoritos, la Belle Époque, por lo que no pude resistirme a leerla en cuanto tuve oportunidad.

Invierno en París recoge la historia de Maud Heighton, una joven inglesa que se encuentra estudiando pintura en la Academia Lafond, centro al que también asiste la rusa Tanya Sergeyevna, con la que Maud acabará entablando amistad a pesar de la diferencia social entre ambas. Preocupada por la delgadez y palidez de Maud, pues sus ingresos no llegan para cubrir la comida y los gastos de pintura, Tanya tratará de conseguirle un empleo, logrando finalmente que Maud se instale en casa de Christian Morel para hacer compañía a su hermana Sylvie, adicta al opio, además de darle clases de inglés y de pintura. De esta manera la vida de Maud mejorará notablemente hasta que los hermanos Morel sean acusados de ladrones e impostores, viéndose ella misma implicada en el robo de unas joyas, lo que la obligará a recurrir al engaño y a las mismas tretas de las que ha sido objeto para esclarecer su inocencia y vengarse de la traición que ha sufrido.

Imogen Robertson (Fuente)
Son dos las partes en las que se encuentra dividido el libro, a las cuales se suman el prólogo con el que se da inicio la historia y el epílogo final que la cierra. A su vez ambas vienen estructuradas en diversos capítulos que en general no son demasiado extensos, lo que hace que la novela se lea con mucha agilidad. La historia se desarrolla entre noviembre de 1909 y enero de 1910 y para ayudar al lector a situarse, en el comienzo de algunos capítulos se indica la fecha concreta en la que se sitúa la acción. A su vez, también nos encontramos distribuidos a lo largo de las páginas algunos extractos extraídos del catálogo de la exposición “Invierno en París: Tesoros anónimos de la Colección de Civray, en los cuales se analizan algunos de los lienzos que componen la misma y cuyo significado descubriremos al finalizar el libro.

Por lo que se refiere al estilo, Imogen Robertson emplea una prosa dominada por la sencillez y la naturalidad que resulta fluida y fácil de leer, manteniendo equilibrados diálogo y narración y destacando especialmente la descripción de ambientes y escenarios. Utiliza un narrador omnisciente en tercera persona del pasado y mantiene un ritmo ágil y constante, lo que hace que la lectura resulte muy amena y no se pierda el interés en ningún momento.

Como os decía, uno de los aspectos más destacables y que a mí me ha gustado especialmente es la recreación que Imogen Robetson realiza del París de principios de siglo. El relato de la historia viene acompañado de visuales descripciones que, sin llegar a ser excesivas o pesadas, permiten que el lector perciba el aspecto que presentaba la ciudad por entonces, mostrando la diferencia entre clases sociales, la pobreza que sacudía a determinados barrios y las calles, edificios o zonas más emblemáticas junto a las costumbres y forma de vida en dichos años. Son los primeros años del siglo XX, la Belle Époque de París, una época en la que tienen lugar importantes cambios a nivel artístico y muchas obras y artistas ganan reconocimiento, convirtiéndose todo ello en uno de los temas centrales de Invierno en París, mostrándonos cómo vivían los artistas, el papel ejercido por las modelos o el funcionamiento de las academias.

Esta excelente ambientación se completa con una recreación histórica que nos permite conocer de cerca los hechos que tuvieron lugar en París el invierno de 1910, cuando debido a las intensas lluvias el río Sena creció tanto que provocó graves inundaciones, debiendo ser evacuados de sus hogares muchos parisinos. Junto a la descripción de las escenas que se podían contemplar en un París que iba sucumbiendo a sus propias aguas queda plasmado el miedo, la emoción y el nerviosismo que se vivía en la sociedad, además de las medidas adoptadas para dar refugio a los evacuados. Se construye así una atmósfera oscura y sobria que contrasta con las luces y riqueza observadas anteriormente y que envuelve al lector, haciéndole participe de este ambiente depresivo y opresivo.

Junto a los aspectos ya señalados, otro aspecto positivo con el que cuenta el libro de Imogen Robertson es su protagonista, la joven Maud. Resulta fácil conectar con ella desde las primeras páginas, en las que conocemos a una estudiante frágil e indefensa que intenta salir adelante en París a base de pasar hambre para poder dedicarse a la pintura. Maud es un personaje que queda trazado con delicadeza, plasmando con detalle la evolución que se va produciendo en su personalidad en función de los hechos a los que tiene que enfrentarse, los cuales la fortalecen y provocan que cambie las prioridades en su vida. El lector sigue con atención esta transformación que supone el despertar a su inocencia, compartiendo las experiencias por las que va pasando Maud y los sentimientos que estas provocan en ella, los cuales son la base de sus motivaciones a la hora de tomar determinadas decisiones que llegaremos a comprender y compartir, pues la autora consigue que sintamos de cerca la desesperación que sacude a Maud.

Si bien Maud es la figura central, hay una serie de personajes secundarios que quedan igualmente perfilados con detalle y que se convierten en piezas fundamentales a la hora de desarrollar la historia, dando incluso lugar a alguna trama paralela. Así está Tatiana Sergeyevna, la heredera Rusa que lleva una vida de opulencia, sin conocer lo que es la pobreza ni las preocupaciones, pero que cuenta con un corazón bondadoso, estando siempre dispuesta a ayudar. Es un personaje entrañable y al que se le coge cariño, al igual que a la modelo Ivette, otra de las principales mujeres de este libro y que será uno de los grandes apoyos para Maud. Y es que Invierno en París es una historia en la que las figuras femeninas son los pilares fundamentales, a pesar de que aparezcan algunos hombres en un segundo plano que, con excepción de Morel, no tienen demasiada relevancia.

En relación con este último apunte, Invierno en París es un libro que ofrece una interesante visión sobre el papel desempeñado por las mujeres en la sociedad de la época. En el ámbito de lo artístico, a pesar de que se les permitía estudiar, pagaban más que los hombres en las academias que las admitían por disfrutar de unas instalaciones deficientes y sufrían las groserías de los varones; quedando también plasmadas las dificultades a las que se enfrentaban las mujeres que estaban solas en París.

En definitiva, Invierno en París de Imogen Robertson es una novela que presenta una trama compleja y bien elaborada, en la que se combina la ficción histórica con el thriller, dando lugar a una obra llena de intriga, venganza y aventuras que resulta muy entretenida y agradable de leer.

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Gracias a la editorial por facilitarme el ejemplar para su reseña
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