miércoles, 19 de octubre de 2016

El nombre propio de la felicidad - María Jeunet

Título: El nombre propio de la felicidad
Autor: María Jeunet
Editorial: Planeta
Año: 2016
ISBN: 978-84-0815-640-6
Nº de páginas: 365

El nombre propio de la felicidad es la tercera novela publicada por María Jeunet, una autora a la que yo conocía por haber leído el año pasado Las hojas de Julia y La foto de Nora, dos libros muy entretenidos que me hicieron disfrutar con su lectura. Así que cuando recibí un ejemplar de esta nueva obra me llevé una agradable sorpresa y pocos días después me decidí por su lectura; estaba segura de que sería una opción ideal para los calurosos días de verano.

"El nombre propio de la felicidad" tiene por protagonista a Nico, un joven escritor de cuentos infantiles que alcanzó el éxito gracias a su primer, y de momento, único cuento. Desde entonces Nico no ha vuelto a escribir nada lo suficientemente bueno para que su editor considere publicarlo, y para cubrir los gastos de la residencia en la que está ingresada su madre y del alquiler de la buhardilla en la que vive trabaja como técnico de seguridad en la red del metro de París. Gracias a este trabajo, además de conocer a los que se van a convertir en sus mejores amigos, Nico descubrirá a una misteriosa mujer por la que se sentirá inmediatamente atraído, siendo el detonante para que por fin decida dejar de anteponer el bienestar de los demás al suyo, y emprenda la difícil tarea de alcanzar su propia felicidad. 
María Jeunet
María Jeunet

Al igual que los anteriores libros de María Jeunet, El nombre propio de la felicidad recoge una historia muy entretenida que se lee casi sin darnos cuenta. En este caso me ha gustado que la autora seleccione a un personaje masculino como protagonista, ya que lo habitual en este tipo de historias es que lo sean las mujeres, que es lo que sucedía en "Las hojas de Julia" y en "La foto de Nora", cuyos personajes principales, Julia y Nora, también van a tener una breve aparición en esta novela de tal forma que todos los personajes que María Jeunet nos ha presentado hasta ahora están vinculados entre sí de alguna manera.

El relato de Nico se extiende a lo largo de catorce capítulos en los que él mismo nos va contando sus vivencias empleando para ello la primera persona y con la particularidad de que en muchos momentos se va a dirigir directamente a nosotros los lectores. La historia sigue en general un desarrollo lineal, aunque él en algunos momentos nos va a adelantar acontecimientos para luego volver atrás y entrar en detalles de cómo sucedió, resultando una lectura ágil y muy amena. María Jeunet, como ya comprobamos en sus anteriores obras, emplea un estilo narrativo fluido, sencillo, claro y fácil de leer, utilizando con frecuencia diálogos que imprimen dinamismo y poniendo especial cuidado en la ambientación de las escenas.

Esta novela transcurre en la ciudad de París, una ubicación a la que la autora ya nos trasladó en Las hojas de Julia y que a mí me da la sensación de que conoce de primera mano. Si bien la ambientación no es algo determinante para esta historia, María Jeunet hace que se convierta en un atractivo complemento para el desarrollo de la trama pues pone especial cuidado en detallarnos los diferentes lugares por los que los personajes se mueven, mencionando distintos emplazamientos de esta ciudad que tienen un particular encanto y logrando a través de las descripciones que también nosotros tengamos la sensación de estar físicamente allí compartiendo los paseos y las sensaciones de los personajes, de ahí que yo piense que es una ciudad que la autora conoce muy bien. Sin embargo y a pesar de lo fascinante que resulta París, es el pequeño pueblo de Nico, Mont des Fleurs, el lugar que más llama la atención pues María Jeunet nos hace un dibujo de una localidad tan pintoresca y hermosa, con sus casas con puertas y ventanas pintadas de distintos colores, que es imposible no quedarse con unas ganas inmensas de conocerlo personalmente y disfrutar del sosiego, la magia y el embrujo que parece envolver sus calles.  

Comenté en mis anteriores reseñas de las novelas de María Jeunet que uno de sus puntos fuertes era la construcción de personajes y en El nombre propio de la felicidad lo he vuelto a comprobar. Nico es el protagonista de esta historia y es una figura que se gana la simpatía del lector desde las primeras páginas gracias a su carácter abierto, alegre, amigable, humano, honesto y desinteresado. Presenta también una faceta romántica que nos va a dejar ver su lado más sensible, resultado así un joven encantador que, como os digo, nos va a conquistar desde el inicio de la historia. Son muchas las virtudes que presenta y aunque esto a veces puede restar credibilidad a un personaje por hacerlo demasiado perfecto, en el caso de Nico no es así, es una figura trazada con cercanía, que mantiene un comportamiento coherente y que por lo tanto encaja a la perfección en nuestra realidad, aunque hay que reconocer que los hombres como él no abundan. 

Nico va a ser el medio a través del que vamos a conocer al resto de personajes secundarios con la peculiaridad de que a pesar de este carácter, cuentan con su propia historia particular que se va desarrollando de manera paralela a la trama principal, complementándola y haciendo que la lectura resulte más amena e interesante. Al igual que Nico, son personas perfiladas con cercanía y realismo, que comparten amistad, tienen sueños que les gustaría ver cumplidos, y han de hacer frente a sus problemas y dificultades

No se puede negar que "El nombre propio de la felicidad" es una novela romántica y el amor es el elemento que predomina a lo largo de sus páginas, en las que vamos a asistir al desarrollo de una bonita historia romántica. Pero sería injusto decir que el libro se queda en eso ya que también nos habla de la amistad, siendo uno de los pilares que sustentan el argumento. Vamos a observar el vínculo tan fuerte y especial que une a Nico con sus amigos y cómo gracias a su amistad van superando los obstáculos y malos momentos, ofreciéndose apoyo y ayuda sin esperar nada a cambio, únicamente ver felices a las personas de nuestro entorno. Y es que realmente ese es el mensaje que se recoge en la novela de María Jeunet, la importancia de la felicidad y cómo todos debemos esforzarnos en su búsqueda, aunque a veces sea necesario para ello centrarnos un poco más en nosotros mismos.

Resumiendo, en El nombre propio de la felicidad vamos a encontrar una historia cargada de romanticismo y amistad, escrita con un estilo sencillo y ameno que hace que su lectura resulte muy ágil, y protagonizada por un simpático personaje que se va a ganar nuestro aprecio desde el inicio gracias a su optimismo, honestidad y vitalidad.

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Gracias a la autora y a la editorial por facilitarme el ejemplar para su reseña
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